Copyright y el uso justo

No hay nada más complicado y limitante para la cultura libre y la creatividad que las licencias de copyright. El uso de una simple sección de texto o incluso hasta unos segundos de una película depende de lo que su autor, o mejor dicho de la industria que hay detrás de él, decida qué se puede hacer o cuánto hay que pagar por dejar hacer. Lo escuchamos y muchas veces no entendemos de qué trata y cómo realmente se beneficia el autor, o cómo nos podríamos beneficiar nosotros.

El por qué del copyright

Recordemos que el copyright nació alrededor de 1710 con unas restricciones muy básicas que consistían en la prohibición para reimprimir un libro, pero no en lo que se podría hacer con él. Actualmente el copyright regula todo lo posible sobre una producción artística, literaria o musical, entre otras, dejando claro ante la ley que esa producción pertenece a su autor y que puede ejercer sus derechos si en algún momento se siente vulnerado. Entre los años de 1735 y 1737, en pleno desarrollo del Estatuto de Ana (el cual ya empezaba a poner una vigencia de los derechos de autor hasta por 14 años luego de su muerte y con una oportunidad para duplicarlo), el Parlamento Inglés limitó esta vigencia a 21 años, lo que para los libreros de la época era una mayor competencia porque no podrían adueñarse de los derechos de las obras por siempre.

Así lo mencionaba un escritor en esa época:

“No veo razón para conceder ahora un nuevo plazo, lo cual no impedirá que se conceda una y otra vez, con tanta frecuencia como expire el antiguo; así que si esta ley se aprueba, establecerá de hecho un monopolio a perpetuidad, una cosa que con razón es odiosa a los ojos de la ley; será una gran traba al comercio, un gran obstáculo al conocimiento, no supondrá ningún beneficio para los autores, pero sí una gran carga para el público; y todo esto sólo para incrementar las ganancias privadas de los libreros.” [1]

Así pues, todo ese alboroto parte realmente de los libreros (o editoriales actualmente) que eran los que recibían gran parte de las ventas. Los libreros tenían miedo de que al reducirse este plazo cualquier persona pudiera acceder a la obra, imprimirla y/o compartirla, reduciendo sus riquezas. Pero, ¿no se supone que son derechos de “autor”?

Las desventajas

Hay actualmente varios tratados internacionales sobre el derecho de autor, pero el más reconocido es el Convenio de Berna para obras artísticas, científicas y literarias, y que viene haciendo de las suyas desde 1886. Dicho Convenio aplica para los países miembros, que son más de 160, y pretende dar garantías mínimas hasta de 50 años -o más dependiendo del país- después de la muerte del autor.

Frente a esto hay varias contradicciones. Por un lado, se supone que esta forma de protección busca beneficiar al autor de una obra, principalmente enfocado a las distribuciones y modificaciones que se le puedan hacer a la misma, sin embargo es bien sabido que como no es una ruta directa entre el autor y su producto, los beneficios no siempre resultan de provecho para el autor y para el mundo. Por ejemplo, si alguien genera un contenido educativo y lo licencia bajo copyright, seguramente de ese contenido sólo se podrá tener acceso a ciertas partes para realizar modificaciones o copias, de hecho hasta el compartirlo quedará restringido según las condiciones, sin dejar de lado que los beneficios económicos no son exlusivos del autor.

Por otro lado también está el tema de la cultura y el acceso libre al conocimiento, que al  limitarlo con una licencia de copyright básicamente se está cerrando la puerta a una infinidad de posibilidades de crear juntos, compartir y avanzar. La oportunidad para crear queda en manos de alguien a quien toca pedirle permiso y la creatividad queda achacada a una repositorio de leyes prohibitivas. Tengamos en cuenta que cada vez que en una ley se determine extender el tiempo de vigencia, un monopolio se irá fortaleciendo con las creaciones de otros y perjudicanco el libre acceso y la creatividad que de allí se pudiera derivar.

Así que básicamente el copyright:

  • Busca beneficiar prioritariamente a la industria (editoriales, disqueras, etc.) con las ventas obtenidas de la obra.
  • Limita el acceso muchas veces por costos elevados, que finalmente gran parte va a parar a la industria, no al autor.
  • Restringe las creaciones derivadas.
  • Limita el uso que pueda hacerse de la obra.
  • Debilita la cultura de compartir, crear en comunidad, estudiar y retroalimentar y difundir.

Lo que deja hacer: el uso justo

Por supuesto, como en todo hay algunas excepciones, aunque tal vez no las más confortables. Luego de verificar que la obra cuente con la palabra “copyright”, tenga la letra “c” en un círculo ©, la fecha de publicación y por último, el nombre del autor o de quien posee los derechos de autor de la obra, se puede acceder a algo que llamado “uso justo”. Esta pseudolibertad que otorga el copyright avala la reproducción de una obra como justa si se usa para la crítica, investigación, noticias, enseñanza o erudición. Así mismo, establece cuatro factores que lo hacen posible, pero los cuales también pueden ser modificados o acomodados por los entes reguladores:

  1. Transformación: depende del objetivo de uso de la parte del material que se tome y básicamente se necesita cumplir con dos características. Por un lado, si esa parte tomada se ha transformado añadiendo una nueva expresión o significado. Por otra parte, si se le ha añadido un nuevo valor a través de la creación de ese nuevo significado o contenido. Y estas características son tan ambigüas que un tribunal podría determinar para algunos casos que se cumple porque sí considera que se ha transformado, pero para otros, aunque parezca, no lo hace.
  2. La naturaleza de la obra con copyright: si la obra original beneficia más al público, existe más libertad para copiar las obras. Pero también depende de si dicha obra ha sido publicada o es inédita, ya que el autor es quien controla la primera publicación.
  3. La cantidad e importancia de la parte tomada: básicamente, entre menor sea el tamaño de la parte tomada, más se considerará como uso justo. Pero, de nuevo las barreras, se invalida si esa pequeña parte tomada es el centro de la obra, la parte más importante o que la identifica. Sería válido sólo en el caso del uso como parodia.
  4. El efecto producido en el mercado comercial: así es, si esa modificación o uso de la parte tomada de la obra, por más pequeña que sea, incrementa su valor comercial sobre el valor de la obra original, ya no se considera como uso justo y sería completamente demandable por el autor o intermediario.

Existe un error muy común y de hecho desconocido por muchas personas, y es la creencia de que al tomar un obra, por ejemplo una foto, y adecuarla a un trabajo y citar al autor es considerado como uso justo. Pues bien, puede resultar que en ocasiones sea posible, pero dependiendo de las características específicas que haya delimitado el autor o el intermediario de la obra, ésto puede ser tomado como una violación a sus derechos. Lo más prudente sería solicitar directamente el permiso, aunque esto no solo podría acarrear dinero de por medio, sino también una larga espera.

Un ejemplo para la reflexión

Un claro y clásico ejemplo del uso justo y su ambigüedad tiene que ver con el cineasta Jon Else y Los Simpson. En 1990, Else estaba rodando un documental sobre y el centro de atención era los tramoyistas de la Ópera de San Francisco. En un momento de la toma en un rincón había un televisor transmitiendo cuatro segundos y medio de Los Simpson, ya que Else pensaba que hacía la escena algo más especial. Teniendo en cuenta lo que hemos visto del copyright y sabiendo que esa obra es licenciada, por supuesto que había que solicitar permiso para su transmisión, así que Else se comunicó con Matt Groening y obtuvo el permiso. Groening aprobó la toma pero le dijo que se comunicara con Gracie Films, la compañía del programa, quien también estuvo de acuerdo, aunque también le dijeron que se comunicara con Fox. Cuando Else les contó la situación, Fox le pidió el pago de una licencia de diez mil dólares para la transimisión, dinero con el que no contaba, así que decidió reemplazar la toma con una fracción de video de la película “The Day After Trinity”en la que había trabajado unos años atrás. Y podríamos aumentar la dificultad si los actores que participaron en la película y que aparecen en la sección elegida no se les puede ubicar o no conceden el permiso, tampoco se podría transmitir.

Tal vez, nuestro sentido común nos diga que esos cuatro segundos y medio de una toma indirecta de Los Simpson -y que de hecho no es la parte más importante de la producción- clasificaría dentro del “uso justo”, sin embargo la interpretación o interés de por medio está prácticamente en manos de los dueños de la producción. No hay sentido común que valga.

Para los que quieran -o necesiten- seguir accediendo a recursos con copyright para sus futuras creaciones o estudios, tengan en mente estos cuatro factores del uso justo, aunque también hay otras opciones como el copyleft o el creative commons, que luego también trataré. Y para todos este video que plantea otro ejemplo del uso justo y algunas otras contradicciones.

Citas
[1] Cultura Libre – Lawrence Lessig. Pag. 73.
Referencias
Cultura Libre – Lawrence Lessig. Capítulo 7 y 10.
Copyright and Fair Use – Stanford Copyright and Dair Use Center
Convenio de Berna
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11 respuestas a Copyright y el uso justo

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  2. Impecable, compa! Como siempre. No conocía la figura del uso justo.

    Me gustaría agregar una reflexión sobre los inicios del copyright. Dado que en la época que mencionas como inicios de esta práctica de restringir derechos sobre una obra por parte de terceros la enorme mayoría de las personas no sabía leer, muchos menos podría acceder a los elementos para copiar un libro. Esta situación se mantuvo vigente, hasta por lo menos la aparición de los métodos de copia de música más modernos como el cassette y y la grabadoras del mismo.

    Es decir, las leyes de copyright estaban sancionadas para regular los intereses de unos empresarios frente a los de otros empresarios. Aunque aún así se perjudicaba al resto de los ciudadanos, la regla tiene cierta lógica. Es un problema entre empresarios.

    Pero con los beneficios que trajo la tecnología, hoy cualquiera, casi sin conocimientos técnicos y recursos muy modestos puede copiar, modificar y distribuir una obra. Y la enorme mayoría de las veces no lo hace ni para evitar el pago ni para obtener un lucro. Sino para poder escuchar el compact que compró en un viaje de tren con su celular o simlpemente poner música en una reunión con amigos.

    Es decir que actualmente el copyright defiende los derechos de un grupo pequeño de empresarios restringiendo los derechos de toda la sociedad. Es decir, que jurídicamente no hay justificativo para sostener esas normas. Bajo ningún concepto es justo ortorgar el monopolio sobre determinados derechos de producciones intelectales en detrimento del beneficio del conjunto.

    Se me hizo muy largo el comentario. Como reflexión final, para ir finalizando, me gustaría decir que los que defendemos a la libertad del conocimiento o copyleft no prentendemos que se obligue al egoista a ser solidario, sino que nos den las herramientas para que los que quieran ser solidarios lo sean con la certeza de que su esfuerzo no va a terminar al servicio de la ambición de unos pocos, sino en beneficio de todos.

    Saludos!

    • Laura C. dijo:

      Compa, muchas gracias por tu comentario y el aporte que haces. No me pareció tan largo, más bien sí muy bueno. La solidaridad es algo que debe resaltarse, el compartir y el beneficio a la comunidad sin hacer de lado el propio del autor. Saludos! =)

  3. Cheesti dijo:

    «Fair use» se traduce como «uso legítimo»
    https://es.wikipedia.org/wiki/Fair_use

  4. nova6k0 dijo:

    Simplemente pefecto, Laura. Yo pienso idéntico. No en vano, como autor, la mera elección de una licencia copyright, dicho autor, está diciendo; prefiero el dinero, por encima de que la mayor gente posible disfrute de mi obra.

    Luego otro mito que hay es el de la supuesta calidad de dichas obras con copyright. Algo que es falso. Además no por usar copyleft se es peor o menos profesional que por usar copyright, otro mito aún mayor que el primero.

    Salu2

    • Laura C. dijo:

      Si, es cierto, sin embargo el que tenga una licencia libre no necesariamente lo hace que sea gratuito, así como en el software libre, lo cual agrega también otro valor. Pero mitos, como dices, por todo lado.
      Saludos y gracias!! =)

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  7. Mr.Morlock dijo:

    Gracias por tu artículo Laura, podrías agregar una última cosa con respecto a lo que significa la “creación”, como ya lo trataban de manera excepcional en el documental “Everything is a remix” (link aquí: https://www.youtube.com/watch?v=d9ryPC8bxqE). Aquello de “generar” una obra es casi el fundamento total del derecho de autor, pero habría que preguntarse ¿El autor crea desde cero todo su producto? Un 100% de las veces no es posible, sea por la inspiración que le produjo algo que antecede a su obra, sea porque su trabajo se base en algo ya hecho, etc. Los derechos de autor no tienen razón de existir, es algo que se puede argumentar fácilmente.

    Muchas gracias por tu blog y tu actividad 🙂 Te veo en Diaspora*. Saludos.

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