Mujeres para la ciencia y la tecnología. Una desorientación desde la escuela.

En la reflexión pasada trataba este tema desde la perspectiva de la educación que se puede brindar en los hogares. Ahora, otra parte de esta situación tiene que ver con la educación que reciben desde niñas en las escuelas. Si bien existen escuelas que ofrecen un énfasis en algún área del conocimiento, la mayoría simplemente son de órden académico común y corriente, lo cual no debe representar por supuesto alguna desventaja significativa al respecto.

Ahora bien, sabemos con certeza que en la infancia existe una curiosidad natural por casi todo y que es la etapa en la que con mayor facilidad estos peques aprenden más -por algo dicen que “lo absorben todo”-. En este sentido, desde las escuelas fallamos al encontrar aún docentes que no se han desligado de una enseñanza autoritaria, completamente conductista y con las mismas metodologías de siempre. Estos casos no favorecen en absoluto la motivación hacia el aprendizaje de la ciencia y la tecnología, de hecho no favorecen el aprendizaje de nada, y desde la edad más temprana se comienza no solo con la desmotivación sino muy posiblemente con el sesgo hacia cosas “más sencillas de trabajar”, limitando la experiencia de este aprendizaje mediante el juego, los proyectos y los experimentos, y debilitando esa curiosidad tan espectacular con la que cuentan. Hasta aquí podríamos decir que las consecuencias podrían aplicar tanto para niñas como para niños por igual.

El video a continuación es un claro y estupendo ejemplo de los tipos de experiencias que enriquecen los aprendizajes de los estudiantes, sin diferenciación de género y que están enfocados al descrubrimiento, a la solución de problemas de contexto, a la diversión y a la confrontación con lo desconocido. Es así como diseñan, prueban prototipos de sus ideas, argumentan sus soluciones y, lo mejor de todo, dan rienda suelta a su creatividad sin temores ni restricciones, dejan de ver ciertos aprendizajes como algo difícil de alcanzar, o que en el caso de las niñas:  “es algo de hombres”.

 

En edades de la preadolescencia y la adolescencia, las dificultades pueden continuar -o empezar, dependiendo de lo afortunados que hayan sido- y en esta etapa tal vez se pueda notar una diferenciación de la enseñanza de acuerdo con el género. Así las cosas, desde la escuela fallamos no solamente cuando seguimos repitiendo la historia con metodologías y enfoques pedagógicos no adecuados, sino cuando nosotros mismos como docentes tenemos predisposición frente a que tanto mujeres como hombres puedan aprender, disfrutar y aprovechar las mismas oportunidades y áreas del conocimiento. Si lo vemos así, podríamos pensar por ejemplo en una clase de tecnología en la que a los hombres se les da prioridad para participar de las actividades, se les da mayor credibilidad frente a sus planteamientos y sus dudas son todas dadas a lugar. Así también, cuando no se favorecen espacios en los que entre los estudiantes mismos se valoren sus opiniones y se trabaje por igual, como pares que son.

Y justamente en estas áreas, ciencia y tecnología, puede observarse aún más una brecha de género al considerarse algunos de sus componentes como supremamente complejos y que solo las “altas capacidades” de los hombres pueden resolver. Cuando en las escuelas sucede lo que se ha mencionado, alejamos a las mujeres del interés por profundizar en estos campos, les infringimos o fortalecemos el miedo de experimentar, de destacarse, de probar y fortalecer sus habilidades. O peor aún, cuando como docentes estamos marcados por una experiencia similar en nuestra educación e incluso en nuestra misma formación docente actual y ni siquiera creemos que nosotros podemos acceder, negándoles de paso la oportunidad a ellos. Y, finalmente, si a esto le sumamos “una mala educación desde casa”, los resultados pueden ser cada vez menos favorables. En alguna ocasión hace unos años les preguntaba a un grupo de mis estudiantes -de ambos géneros- si consideraban que existían profesiones diferentes para hombres y para mujeres y, no con sorpresa, efectivamente diferenciaban lo que era apropiado para cada caso. Y tal cual lo planteado, las carreras o profesiones que tenían que ver sobre todo con tecnología eran las que más se excluían para las mujeres.

Ofrecer un mejor contexto para la educación es una labor conjunta y un compromiso de todos, por eso es tan importante la participación más activa de las familias en el acompañamiento de los procesos educativos de sus hijos, en casa y en la escuela. Por eso es tan importante la formación docente, la actualización pedagógica y didáctica y la innovación en educación. Debemos ser más responsables de la gran influencia que ejercemos sobre nuestras niñas, niños y adolescentes, sobre todo cuando por generaciones ha existido tanta relegación hacia el tipo de educación para la mujer.

Y para finalizar… ¿dónde están las niñas en ingeniería y por qué no están aquí?

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